Gran parte del futuro de la agricultura está en las condiciones en las que se encuentra el suelo, es este el elemento del que depende el éxito o el fracaso de nuestro jardín o huerto. 

A su vez, el suelo también es el gran castigado por las condiciones atmosféricas (lluvias, sequías, heladas...) y por la influencia directa o indirecta del propio ser humano o animales (pisadas, construcciones...) todo esto puede llegar a provocar la pérdida de porosidad al compactarse, lo que supondría un empeoramiento de la calidad del suelo.


Aún así, existen muchos más problemas e inconvenientes que pueden presentarse, desde una invasión de gusanos, a la aparición de los temidos nematodos, o las apararición de las típicas malas hierbas que crecen y crecen sin parar.

¿Las soluciones? Aquí las tenemos:


PUNTO DE PARTIDA

No es necesario que hayan surgido plagas o enfermedades, ni malas hierbas, para definir un terreno como malo. Puede hallarse en un pedregal, escombrera o la capa de tierra cultivable ser muy delgada.


También es posible que se encharque y anegue frecuentemente, impidiendo la circulación de aire. También resulta de extrema importancia el grado de acidez o pH, la composición química o elementos presentes en su suelo, así como sus cantidades.

A TRABAJAR

Antes de plantar cualquier especie, verificamos que cuenta con suficiente capa de tierra, de no ser así, incorporaremos tierra vegetal cribada y mezclada con materia orgánica. Si con las primeras lluvias el suelo se encharca, realizaremos un drenaje.


Respecto al grado de acidez, es conveniente llevar una muestra del terreno al laboratorio para que determinen si se debe enmendar con materia orgánica o cal para elevar el pH o, simplemente, se deben utilizar plantas que crezcan bien con su grado de acidez; por ejemplo, resulta imposible cultivar un rododendro en un suelo alcalino, o una higuera en uno ácido. 

Por último, es necesario observar si existen descompensaciones de nutrientes; para ello, se puede realizar un abonado de fondo bien equilibrado. Cuando las plantas muestren síntomas de carencia de un elemento debemos incorporárselo sin falta.

LAS ETERNAS MALAS HIERBAS

Están por todas partes y nadie las ha sembrado ni plantado. En ocasiones resulta difícil comprender cómo han llegado a aparecer y, sin embargo, son un problema real. Impiden crecer con amplitud a las plantas, les quitan agua y elementos nutritivos.


Las combatiremos extrayéndolas a mano, que es lo más respetuoso con el medio ambiente, o utilizando un herbicida de acción total o selectiva, que ataca, respectivamente, a todas las plantas o sólo a las perjudiciales.

NEMATODOS

No se distinguen a simple vista, pero sus efectos se aprecian con total nitidez. Se trata de pequeñísimos gusanos con forma de lombriz, sin cutícula y transparentes, por ello, su presencia sólo puede detectarse por los daños sobre los vegetales: raquitismo, mal color de hojas y frutos, raíces muy divididas y ramas con muy poca distancia entre las yemas.



La lucha más efectiva es la preventiva: comprar plantas que denoten salud, observar que el terreno no posee especies espontáneas raquíticas, y ser escrupuloso con la limpieza de aperos y herramientas.

En caso contrario, hay que recurrir a la desinfección previa del suelo con productos especializados, arrancar y quemar las plantas infectadas y limpiar el terreno para que no quede ningún resto.

OTRAS ENFERMEDADES

Además de los nematodos, hay que considerar la presencia de gusanos y orugas: gusanos de alambre, rosquilla negra, larvas minadoras, etc. Sin dudar, los atajaremos con productos antiinsectos del suelo cuando detectemos su presencia en plantas mordisqueadas, calvas en el césped o agujeros en el tronco de los árboles.


Las enfermedades del suelo también pueden causarlas los hongos, estas actúan en praderas, frondosas y coníferas, para combatirlos, emplearemos tratamientos fungicidas.

Desde Gaima esperamos que estos consejos te hayan servido de ayuda y que tu huerto o jardín luzcan perfectamente sanos durante todo el año.